
El periódico Expansión acaba de publicar una noticia recogida en Farmaindustria en la que se destaca que “Los ingresos de las farmacéuticas se desploman en 1000 millones”. Aunque una parte de la pérdida de ingresos es debida a “los planes de reducción del gasto farmacéutico público y la rebaja de precios aprobados en los últimos años por el Gobierno”, esta noticia también pone de manifiesto que una parte importante de la caída de los ingresos se debe a la pérdida de patentes de algunos medicamentos de marca, que han obligado a las farmacéuticas a reducir su precio al mismo nivel que los genéricos. Como ejemplo, sufren la pérdida de patentes medicamentos superventas como “Lipitor (Pfizer) o Diovan (Novartis). Así mismo, el periódico Expansión del 21 de febrero de 2012 también destaca que “La pérdida de patentes de algunos de sus fármacos más vendidos (refiriéndose a la farmacéutica española Almirall), ha provocado una caída del 21% en la cifra de negocio en España del fabricante de Almax”.
Es sabido por los estudiantes que las patentes confieren al poseedor de las mismas un poder de mercado que se traduce en una capacidad del vendedor para influir en los precios de venta. Es decir, gracias a la barrera de entrada a otras empresas que supone la utilización de la patente, el vendedor puede beneficiarse de su control de precio del producto, ya que el precio y la cantidad que maximizan los beneficios de la empresa son distintos a los de un mercado competitivo. En general, la cantidad vendida por esta empresa con patente es menor que la de un mercado competitivo mientras que el precio de venta aplicado es superior a la de un mercado competitivo.
Las patentes, no obstante, se conceden al inventor o su cesionario por un período limitado de tiempo a cambio de que estos divulguen la invención. Una vez que la empresa pierde el derecho a comercializar en exclusiva el producto patentado, la empresa deberá competir con el resto de empresas del mercado, en este caso, con los llamados medicamentos genéricos cuyo coste es inferior al de la empresa que gozaba de la patente. Por tanto, la empresa monopolista pierde su capacidad de influir en el precio de venta de su producto y se ve obligada a reducir el precio de su producto al mismo nivel que los genéricos con la consiguiente pérdida de negocio para la empresa.
Es sabido por los estudiantes que las patentes confieren al poseedor de las mismas un poder de mercado que se traduce en una capacidad del vendedor para influir en los precios de venta. Es decir, gracias a la barrera de entrada a otras empresas que supone la utilización de la patente, el vendedor puede beneficiarse de su control de precio del producto, ya que el precio y la cantidad que maximizan los beneficios de la empresa son distintos a los de un mercado competitivo. En general, la cantidad vendida por esta empresa con patente es menor que la de un mercado competitivo mientras que el precio de venta aplicado es superior a la de un mercado competitivo.
Las patentes, no obstante, se conceden al inventor o su cesionario por un período limitado de tiempo a cambio de que estos divulguen la invención. Una vez que la empresa pierde el derecho a comercializar en exclusiva el producto patentado, la empresa deberá competir con el resto de empresas del mercado, en este caso, con los llamados medicamentos genéricos cuyo coste es inferior al de la empresa que gozaba de la patente. Por tanto, la empresa monopolista pierde su capacidad de influir en el precio de venta de su producto y se ve obligada a reducir el precio de su producto al mismo nivel que los genéricos con la consiguiente pérdida de negocio para la empresa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario