
Como se ha visto en clase un mercado es un oligopolio cuando hay pocas empresas compitiendo en el mercado, existen barreras a la entrada y existe o no un producto que se encuentra diferenciado.
Un ejemplo claro de industria olipolística es el de la industria que forman las agencias de rating. En esta industria solo tres empresas de reconocido prestigio internacional, (Moody’s, Standard and Poor’s y Fitch) acaparan el 90 % de la cuota del mercado.
Por otra parte, existe una fuerte barrera de entrada del tipo natural que es la reputación. Disponer de reputación que permita emitir calificaciones generalmente aceptadas por los inversiores por parte de un potencial entrante en la industria implica unos elevados costes de tiempo y recursos económicos. Esto se debe a que los demandantes de los rating que generan estas empresas, no pueden comprobar la calidad del producto antes de que se emita y tan sólo pueden verificar la calidad de los ratings que se han emitido con anterioridad. Por este motivo, cualquier empresa que pretenda entrar en la industria deberá ganarse la confianza de los consumidores, mediante el incremento de la reputación, lo que implica unos elevados costes, y consecuentemente una barrera de entrada.
Aunque no está demostrado en los tribunales, al igual que ocurre en el caso de los carburantes, existe un cierto comportamiento colusivo entre estas empresas. Cuando una de ellas, modifica su rating, las otras dos, tienden a ajustar rápidamente el rating, con el objetivo de no perder reputación en caso de no acertar con el rating emitido.
La estructura olipolística y el presunto comportamiento colusivo ha sido fuertemente criticado por diferentes agentes económicos, sobre todo tras el estallido de la crisis subprime y la amenaza de la rebaja del rating de algunos países Europeos. Muchos acusan a estas agencias de utilizar su poder de mercado, y su condición en el mercado, para llevar a cabo estrategias en beneficio propio. Un ejemplo de estas críticas la encontramos en la reciente noticia publicada en el diario El Economista el pasado día 25 de febrero.
Esta noticia hace referencia a la querella presentada por un grupo de abogados contra las sedes en España de Moody’s, Standard and Poor’s y Fitch. En ella se acusa a estas empresas de actuar como un oligopolio, que regula y controla los mercados financieros en función de sus propios intereses. En concreto, se les acusa de alterar los precios del mercado bursátil con sus informes de calificación y de utilizar información privilegiada en beneficio propio y de sus clientes (empresas calificadas) en contra de los pequeños inversores.
Carlos Salvador